
La historia de nuestra ex alumna Andrea Radic, gen. 1986, es un testimonio de gran fortaleza, esperanza y perseverancia.
Hace algunas semanas, Andrea fue entrevistada por la revista Apóstol en Familia. Ahí contó que, a los 24 años, sufrió una mielitis transversa que afectó su movilidad. Luego, tuvo que enfrentarse a un largo y desafiante proceso de hospitalización, rehabilitación y reconstrucción personal. Sin embargo, Andrea nunca dejó de mirar hacia adelante y con fe, esfuerzo y una enorme voluntad, logró recuperar su autonomía y construir la vida que soñaba.
Hoy, mamá de tres hijos y trabajadora social dedicada al servicio de las familias, Andrea mira ese proceso con perspectiva y reconoce el papel fundamental que tuvo la fe, su familia y sus amigas.
También reflexiona sobre la huella que dejó el colegio, en donde pudo desarrollar valores como la responsabilidad, la disciplina, la perseverancia y el trabajo en equipo, aprendizajes que más tarde serían fundamentales para enfrentar la adversidad.
Asimismo, destaca la sencillez, el sentido de comunidad y la formación en la solidaridad que caracterizan a las ursulinas. “Hablar de mis compañeras de colegio es hablar de mi propia historia”. Desde la niñez hasta hoy, sus compañeras han estado presentes en cada etapa de su vida, compartiendo alegrías, desafíos y momentos inolvidables.
Durante el período más difícil de su enfermedad, su apoyo fue incondicional. A veces acompañaban únicamente en silencio, pero esa ayuda se transformó en un cariño y esperanza que nunca se olvidará.
Esa amistad hoy sigue muy viva y en abril recién pasado, junto a varias amigas, viajó a Punta Cana, experiencia que refleja la fuerza de las relaciones construidas en las Ursulinas y que han perdurado por años.
La historia de Andrea nos recuerda la importancia de acompañarse en momentos difíciles, en donde el cariño, la amistad y el espíritu de comunidad que siguen uniendo y manteniendo generaciones de ursulinas.











