Constanza Labbé, generación 1985, lanzó el año pasado su primer libro, “La esperanza de Ema”. A partir de esta experiencia, quisimos conocer más de su historia, su vocación y el profundo sentido que le da a su rol en la educación, especialmente en el acompañamiento de niños y jóvenes en situación de enfermedad.

 

¿Qué es el Colegio Hospitalario y cuál es su importancia?

Los Colegios o aulas hospitalarias son una modalidad educativa que tienen como objetivo poder garantizar la continuidad del proceso educativo de niños y jóvenes en situación de enfermedad.

El Colegio Hospitalario brinda mucho más que un espacio para aprender contenidos: es un lugar donde los estudiantes encuentran la esperanza de seguir siendo niños, niñas y jóvenes, manteniendo vivo su proceso de aprendizaje y desarrollo a pesar de la enfermedad.

Queremos ser un puente que ayude a normalizar la vida de los niños y jóvenes tejiendo redes para lograr una recuperación integral de ellos. Trabajamos con niños de PK a IV Medio, que son pacientes del Hospital Luis Calvo Mackenna, de todo el país y también de otros países de Latinoamérica. Nuestros estudiantes tienen enfermedades como: cáncer, fibrosis quística, trasplante de médula ósea, riñón, hígado, cardiopatías, enfermedad renal crónica (diálisis), etc.

¿Desde cuándo eres directora?

Empecé el año 2009.

¿Qué significa para ti tener este cargo y cuáles son las mayores alegrías o desafíos que debes enfrentarte día a día?

Ser directora de un espacio educativo tan importante es una tremenda responsabilidad. Me inspira confiar y tener esperanza, poder generar nuevas miradas, apoyar y acompañar al equipo de profesores y a toda la comunidad educativa, darle un nuevo significado a la educación y los procesos de aprendizaje de los estudiantes y siempre abrirnos a crear e innovar, a trabajar colaborativamente.

La educación en este contexto se convierte en un acto de humanidad y esperanza. Me ha enseñado lo importante que es estar presente, acoger, contener y abrir espacios de aprendizaje que dignifican y dan continuidad a sus trayectorias educativas.

En este colegio vivo miles de alegrías diariamente, como cuando veo las ganas de aprender de los niños y jóvenes, ese brillo en sus ojitos cuando lograron algo que les costaba, el entusiasmo por tener nuevos conocimientos, la esperanza y la fortaleza para salir adelante a pesar de sus estados complicados de salud. Muchas veces cuesta trabajar en este espacio, nos enfrentamos con la vida y la muerte, con el dolor y el sufrimiento. Cuidar, contener, vivir los duelos, acompañar, escuchar no siempre es fácil.

Otra situación compleja es la falta de recursos por parte del Estado para poder cubrir todas las necesidades de nuestros estudiantes. Se nos subvenciona aún por asistencia. A pesar de los desafíos, soy agradecida del regalo que significa este trabajo, porque sé que estoy haciendo algo trascendental y significativo para los niños más vulnerables de nuestro país. Me siento una mujer privilegiada y bendecida de poder trabajar en este contexto.

¿Cuál es tu profesión? ¿Por qué decidiste dedicarte a esto?

Soy profesora básica y psicopedagoga. Desde que era chica jugaba a ser profesora. Ponía mis muñecas en la cama, tenía un pizarrón, tizas y les enseñaba. Mi mamá es profesora y siempre fue y ha sido una gran inspiración.

Mi vocación se sustenta en mirar la educación como una manera de hacer justicia, de buscar que lo que es supuestamente imposible sea posible, de creer profundamente que las vidas se transforman cuando hay educación y de luchar para que todos los niños y jóvenes de Chile tengan las oportunidades para acceder a ella.

Tengo un profundo deseo de acompañar y una gran confianza en el poder del aprendizaje como una herramienta que abre oportunidades, fortalece la autonomía y devuelve esperanza, especialmente en contextos complejos. Ser profesora, para mí, no es sólo enseñar contenidos, sino conectar con cada estudiante, reconocer su historia y potenciar sus capacidades, respetando sus tiempos y necesidades. Siempre educando en comunidad, porque no somos islas, somos con y en todos.

¿Cómo se llama y de qué se trata el libro que publicaste el año pasado?

La esperanza de Ema.  Este libro recoge las historias de muchos niños y jóvenes que han pasado por el Colegio Hospitalario y cuenta la emotiva experiencia de una niña que enfrenta una enfermedad delicada (cáncer).  A través de imágenes simbólicas, como son las hojas amarillas (color del cáncer infantil) y verdes (reflejan la esperanza) del árbol yinko biloba, se va contando el camino que vive Ema cuando le diagnosticaron su enfermedad, las conversaciones, emociones y sensaciones que va teniendo. Se muestra el Hospital, su tratamiento y cuando descubre que existe un Colegio donde puede jugar, aprender y volver a ser niña a pesar de su enfermedad. Es una historia que nos devuelve la esperanza.

 

¿Cómo sientes que el colegio marcó tu vocación?

Las Ursulinas dejaron una huella profunda en mí; el querer hacer las cosas bien, buscar la justicia siempre, una ética en el trabajo y la austeridad. El haber tenido la suerte de encontrarme con mujeres entrañables, amigas con quienes compartimos y nos acompañamos en la vida.

¿Qué significó para ti el haber sido reconocida dentro de las 85 ursulinas líderes?

Para mí recibir este reconocimiento fue un regalo enorme y un honor. El ser reconocida es una manera de visibilizar el trabajo que hacemos en la Pedagogía Hospitalaria.

¿Qué mensaje te gustaría dejarle a las ex alumnas o futuras alumnas que quieren desarrollarse por un lado más social?

No duden en seguir su impulso, escuchen su voz interior, porque seguramente nace desde un lugar muy profundo y valioso. Trabajar por otros, acompañar, escuchar y generar cambios, no siempre es el camino más fácil, pero sí uno de los más significativos.

No tengan miedo de soñar un país distinto. Lo social se construye en lo cotidiano, en los pequeños gestos, en la empatía y en la capacidad de ver al otro con respeto y dignidad. Cada una, desde su lugar, puede ser un puente, una oportunidad y una luz en la vida de alguien más. Confíen en lo que han aprendido, pero también en lo que son. El mundo necesita profesionales comprometidos, pero sobre todo personas sensibles, conscientes y con vocación de servicio. Y recuerden siempre que transformar realidades también transforma el corazón propio.