Primer día de clases 1979, 6° básico. Nueva profesora jefe, Frau Ulla Gandner. Mi primera impresión fue ver a una mujer alemana, de pelo corto, muy a la moda y con una gran sonrisa.

“Guten Morgen, ich bin Frau Ulla, ihre Haupt- und Deutschlehrerin…” Nos contó que venía de Alemania, que era su segunda vez en Chile. No sé qué cara habremos puesto, que nos preguntó —en alemán— si habíamos entendido lo que había dicho. Yo, tímidamente, levanté la mano y respondí que sí. A partir de ese momento sentí que me miró con cariño y me tomó en cuenta.

Sor Ángela no solo marcó enseñándonos el alemán de una forma entretenida y didáctica, leyendo clásicos como Goethe y Schiller. También fue una presencia constante y alegre durante toda nuestra etapa escolar. Nos acompañó en los paseos de curso a Río Colorado, siendo siempre la primera en estar arriba del cerro. Amaba la naturaleza y nos enseñó a amarla y cuidarla.

En nuestro viaje de estudios al sur disfrutó con cada lugar, siempre atenta y cercana. Fue una mujer moderna, vigente, abierta de mente, dispuesta a escucharnos y a desafiarnos para sacar lo mejor de cada una. Nos enseñó que, con cariño y firmeza, se pueden formar grandes personas.

Dejó una huella muy especial en nuestro curso. Gran parte de lo que somos hoy se lo debemos a ella: nos enseñó a querernos, respetarnos y valorar nuestra individualidad.

Sólo tengo palabras de gratitud hacia ella. Fue testimonio de fe y alegría, de entrega, cariño y de profundas convicciones. Su legado sigue vivo en las muchas generaciones que acompañó.

Gracias por todas sus Überraschungen, por el “Super acht”, por saludarnos a cada una por nuestro nombre y por su eterna sonrisa.

Vielen Dank, liebe Sor Ángela, in unseren Herzen bleiben Sie ewig

Alexandra Soltmann

Generación 1982

@alexandrasoltmann