
El miércoles 15 de abril nos reunimos para recordar con cariño y gratitud a nuestra querida Sor Ángela, agradeciendo su vida y conmemorando el profundo legado de fe, vocación y servicio que dejó entre nosotras, y que continúa inspirando nuestro camino como comunidad ursulina.
En su misa, el padre Mariano destacó a Sor Ángela como un verdadero regalo de Dios para la comunidad, una mujer que encarnó y transmitió identidad a través de su vida sencilla, fiel y luminosa. Su presencia —recordó— irradiaba una luz que no podía ocultarse: allí donde estaba, las personas se sentían acogidas, cuidadas y profundamente queridas.
Su testimonio fue el de alguien que vivió con autenticidad el carisma ursulino, ayudando a otros a acercarse a la luz y a optar por ella en su propia vida. Supo acompañar, discernir y también reconocer con claridad aquellos momentos en que la luz parecía ausente, invitando siempre a volver a ella.
En sus últimos días, su vida se profundizó aún más en la oración, llevando en el corazón a toda la comunidad, con un amor fiel por el colegio y por cada persona.
Sor Ángela dedicó más de 60 años a la formación de jóvenes en Alemania y Chile, siendo un testimonio vivo de fe, vocación y servicio. Su ejemplo continúa inspirándonos y guiando nuestro camino como comunidad. Al conmemorar este primer aniversario, queremos mantener viva su memoria y agradecer profundamente el legado que nos dejó.
